La regla de las tres R (Reducir, Reutilizar y Reciclar)

Los problemas de contaminación que traen las actividades humanas no son un secreto para nadie. Todos los días producimos, consumimos y descartamos cosas y en cada uno de esos pasos se generan residuos y al mismo tiempo se reducen o resienten los recursos naturales. En este contexto el reciclaje es una de las prácticas que se pueden adoptar para intentar solucionar estos problemas, aunque debe ir acompañada de cambios de hábito en la producción y el consumo. Conocer y aplicar la regla de las tres R (Reducir, Reutilizar y Reciclar) es un buen comienzo. Texto de Melissa Bendersky / Foto de Chris Jordan.

Los residuos que generamos no desaparecen a la velocidad en que consumimos los productos que los crean, es más, la mayoría de la basura tarda mucho más que la vida de un hombre en degradarse, y cuando digo “mucho” digo cientos, miles de años. Otro problema asociado es que las materias primas con que se hacen los productos que consumimos tampoco se reproducen a la velocidad que deberían para poder seguir manteniendo el ritmo actual de producción. Los seres humanos estamos, por más que nos pese, en un brete existencial: contaminamos menos y cuidamos el ambiente en que vivimos o ya no tendremos qué consumir para seguir viviendo. Planteado así el problema parece de fácil solución, pero el aspecto existencial radica en que la máquina de producción y consumo parece imposible de parar, porque está ligada intrínsecamente a la sociedad actual. En este sistema somos lo que consumimos y consumimos lo que somos.

Nos resulta imposible dejar de consumir y por eso (y no porque seamos estúpidos o suicidas) es que nos encontramos en esta grave situación sanitaria que amenaza con exterminarnos. En este cuadro de situación el reciclaje se presenta como una muy buena idea, aunque no es “la” respuesta, sino que debe ir acompañada de otras prácticas inteligentes para optimizar la producción y el consumo.

La regla de las 3 R (de la que Reciclar forma parte junto a Reutilizar y Reducir) es un buen comienzo para empezar a afrontar nuestro problema de contaminación. Pero, ¿cuál es exactamente esta problemática de la que hablamos?

Suciedad

Los vertederos son un ejemplo claro de cómo y cuánto contaminamos los seres humanos. La mayoría de los basureros del país son a cielo abierto, en muchos hasta hace poco se quemaba la basura, en pocos se clasifican los residuos o se separan los que son peligrosos, y casi ningún vertedero tiene tratamiento de impermeabilización de suelos. ¿Qué significa todo esto?

Ezequiel Stia es ingeniero químico y trabaja para Desler, una empresa que se dedica desde varias áreas al cuidado del ambiente (tratamiento y disposición final de residuos peligrosos, patogénicos y remediaciones de sitios contaminados). Aquí Stia nos explica qué daños trae al medio ambiente un vertedero a cielo abierto, por ejemplo, el de Bariloche: “Es un gran problema para el ambiente. Algunos de los conflictos principales son: las enfermedades que se pueden transmitir por los animales y personas que buscan entre la basura una forma de sustento. Otro problema es que con los incendios intencionales de la basura para buscar metales, se producen dioxinas y furanos (1). Y por otro lado, tenemos lo que no se ve pero sí se siente que es la contaminación por los lixiviados de la basura (ese jugo que se produce en el tacho de basura multiplicado por miles), la contaminación de la napa freática (primera capa de agua subterránea) o los cauces de ríos, lagos y arroyos. Bariloche tiene un problema muy serio con el lago Gutiérrez”.

Respecto a lo qué más contamina de la basura que producimos, Stia dice: “Nosotros en nuestra vida cotidiana generamos residuos peligrosos. Las empresas, las estaciones de servicios (con aceites usados, filtros de autos), los supermercados (con trapos con aceite, pinturas, etc.) también generan residuos peligrosos. Y de lo que se puede encontrar en un vertedero común, lo más contaminante sin lugar a duda son las pilas, las baterías de auto usadas, los residuos patógenos, residuos de taller mecánico, latas de pinturas y tubos fluorescentes”. Y aclara: “Lo peor que se puede hacer con la basura es quemarla a cielo abierto, por las dioxinas y furanos que generan los plásticos”.

La ingeniera agrónoma y doctora en biología Francisca Laos, directora de la carrera de Ingeniería Ambiental de la Universidad de Río Negro, cree que el poco cuidado del medio ambiente en Argentina pasa por “cuestiones culturales y porque tenemos espacio”. “Si uno mira los países europeos, ¿por qué hay tantas leyes ambientales y tanto control? Porque no pueden darse el lujo de seguir contaminando, porque no tienen más lugar. La contaminación tiene un límite que es poder seguir sobreviviendo en el terrenito que tengo. En Argentina tenemos que cambiar totalmente la mentalidad y hacernos cargo del residuo que estamos generando. En el valle del río Negro hay controles ambientales que hacen que, por ejemplo, las empresas de gaseosas le compran productos a una juguera sólo si la empresa juguera hace un manejo racional y ambientalmente sustentable del residuo que genera”, explica.

Para tener más información sobre el ciclo de producción, consumo y descarte de los productos, se puede ver un breve documental que realizó la estadounidense Annie Leonard. Se llama “The story of stuff” (algo como “La historia de las cosas” en castellano) y parte de la siguiente pregunta: “¿Alguna vez se preguntaron de dónde salen las cosas que usan y dónde van a parar una vez que las tiran a la basura?” El documental está pensado básicamente para los norteamericanos y se puede tener diferencias ideológicas respecto a algunos planteos, pero es útil para informarse, conversar y discutir sobre el tema.

Qué se puede hacer y qué se está haciendo

Reciclar es, a decir del diccionario, “recuperar y reintroducir desechos en el ciclo de producción del que vienen”.

La actividad del reciclaje se inscribe dentro de la regla de las 3 R: Reducir, Reutilizar y Reciclar, conceptos fundamentales para saber cómo podemos volver a un ciclo más lógico de vida y consumo.

La mayoría de las cosas pueden reciclarse, aunque no todas, incluso hay materiales o productos que, económicamente hablando, no conviene reciclarlos. Entonces, reciclar no tiene que ver sólo con el medio ambiente, también es hablar de economía en al menos dos aspectos: en cuanto a la mejor utilización de la materia y porque al reciclar los residuos se transforman en recursos.

La doctora Laos da un ejemplo claro del tema: “Hay que cambiar muchos conceptos, por ejemplo, hay que ver que el residuo puede en realidad ser un producto, como pasa con cualquier tipo de materia orgánica, el residuo de una poda, las hojas, el barro cloacal, esos son residuos que se pueden transformar en recursos”.

La Asociación de Recicladores Bariloche (ARB) es uno de los grupos que entendió, debido a una necesidad económica acuciante, el potencial que tiene la basura. Desde hace seis años trabajan en el vertedero de Bariloche. Zulema Morales explica: “En la actualidad reciclamos un mínimo de materiales porque hacemos la clasificación a mano. Aunque esperamos que en estos meses llegue una mini planta de reciclaje que nos va a facilitar el trabajo”. Esta mini planta la consiguieron después de gestionar los fondos ante organismos nacionales e internacionales.

Desde hace tres años está presentado otro proyecto para instalar una planta de clasificación, y aunque todas las condiciones parecen favorecer la aprobación de este proyecto, todavía está detenido, al parecer por falta de decisión política. La secretaria de Planificación y Medio Ambiente de Bariloche, la arquitecta Fabiela Orlandi, respecto a los tiempos que manejan para tener en la ciudad la planta de tratamiento de residuos y el sitio de disposición final, cuenta que “se estaría hablando de, como muy rápido, por lo menos dos años”.

La ARB actualmente recicla papel, cartón, vidrios, metales y plásticos. Vale aclarar que las botellas de aceite comestible y de aceite de auto, las botellas de alcohol y las latas de conservas son elementos que no están reciclando. En algunos casos porque no tienen las máquinas para tratar estos materiales, y en otros porque el valor que tienen en el mercado no justifica el esfuerzo de reciclarlo.

Reciclar, lejos de ser un asunto naïf o neohippie, para muchos es trabajo, para otros un negocio, y para la mayoría de nosotros es además un tema de cuidado del medio ambiente. Las variables económicas que influyen en la cadena de reciclado son el valor y la demanda de los elementos, las distancias que se deben recorrer para llegar a la fábrica que trabaja con el material reciclable y, en menor medida, la demanda que haya de productos creados con materiales reciclables. Zulema Morales explica: “Trabajamos con el comprador que mejor nos paga. El vidrio lo estamos vendiendo a Mendoza y el resto a Cipolletti. El costo de los fletes los paga la ARB y por eso no vendemos en otras ciudades, porque a mayor costo del flete menor ganancia. Y además a principio de año bajó el precio de todos los materiales”.

También hay empresas que están sumándose (por conciencia ecológica, porque las leyes las obligan, o porque ven posibilidades de mejorar su imagen), a la tendencia del reciclaje y la reutilización.

En Bahía Blanca la Cooperativa Obrera se dedica al reciclado de papel, vidrio, plástico y aluminio. También recolectan pilas y baterías de celulares para que después se disponga de ellas de modo que no contaminen. Y además están reciclando el aceite de cocina usado. Con el aceite de las frituras se puede hacer biodiesel, sí, combustible. El mismo con el cual se mueven sus camiones. El proceso industrial se lleva a cabo en la Escuela Agropecuaria de Tres Arroyos (provincia de Buenos Aires). El aceite de cocina es uno de los productos más contaminantes del suelo, el agua y las napas, reciclarlo permite disponer de energía limpia, renovable y no contaminante. En este proyecto, con el aceite usado además de biodiesel se produce glicerina y fertilizantes. Al parecer, cualquiera que tenga los conocimientos técnicos, los elementos necesarios, el acceso a una buena cantidad de aceite usado y, sobre todo, la decisión, puede transformar uno de los productos más contaminantes que manejamos a diario, en combustible biodiesel.

Otro ejemplo de reciclado es el de las empresas de telefonía celular que desde hace un tiempo reciben las baterías viejas de los celulares, e incluso los celulares enteros que ya no funcionan, para reciclarlos. Según resaltan las empresas, se puede entregar baterías y celulares que no funcionen en los locales de Movistar y Claro.

Las tres R en casa

Y ¿qué podemos hacer las personas comunes, todos nosotros, cuando hacemos nuestras compras o nos queremos dar un gusto? Porque aunque al parecer la lógica de la sociedad de consumo atenta contra la ecología, como dijimos al principio, dejar de consumir parece imposible e indeseado en la mayoría de los casos.

Martín Sabattini es diseñador industrial y uno de los integrantes de Designo, una empresa que produce mobiliario, luminarias, juegos, accesorios y objetos de uso. Su trabajo es pensar en objetos casi todo el día, en su funcionalidad, su belleza, su costo, en cómo construirlo y también en cómo venderlo y embalarlo. Respecto a cómo puede asociarse el consumo, la fabricación y la ecología, realmente no es muy optimista, pero dice: “Creo que la única solución viable es hacer objetos duraderos, como antes. Las licuadoras de aluminio, gigantes, que siguen dando vueltas en las casas y tienen 30 años, eso es un diseño, un producto y una industria ecologista. Una camioneta fabricada en el ‘70 que sigue andando es ecologista. No se los pensó como objetos ecológicos, pero antes había una visión de la industria y de las cosas en donde la calidad pasaba porque fuera duradero. En estos tiempos la idea de calidad pasa porque el objeto cumpla ciertas funciones, que sea nuevo, fashion, que cumpla tus expectativas, que mantenga tu estatus y tu ego alto y punto”.

Respecto al uso de materiales reciclables también tiene una visión crítica: “No importa si una mesa es de madera, si va a durar 40 ó 50 años. Si la mesa es de plástico reciclable pero dentro de 6 meses, o un año, la tenés que reciclar porque se rompió o porque perdió valor de significación, no sirve. Eso es otra cosa importante, si se te rompe un plato de cerámica hecho por una comunidad indígena, lo vas a pegar, lo usas de adorno, pero no lo tirás, sigue teniendo una función. Si se te rompe un plato Pirex, que para vos no significa nada, lo tirás a la basura y a otra cosa. Podés tener una vida normal sin ser ni siquiera austero, sólo siendo un poco más conciente cuando comprás, si comprás una mesa, que sea algo que realmente te gusta y que querés que tenga tu hijo”.

Otra de las palabras que forma parte de las 3 R es “reutilizar”. Dentro de este concepto se puede pensar en actividades que suelen hacerse en casi todas las familias, como pasar la ropa de un niño a otro, cuando el primero pega un estirón y lo que le quedaba bien ya no le entra, o cuando alguien se compra un celular nuevo y le da el viejo a otra persona. También entran dentro de “reutilizar” el encontrarle un segundo uso a un objeto, independientemente del que tenía, por ejemplo convertir envases de bebidas o latas, en macetas. Cuando un objeto se reutiliza también se produce menos basura.

Cambios de hábito

Lo que se puede reciclar varía de comunidad en comunidad, depende de si alguien está tomándose el trabajo -o trabajando- de acopiar los materiales que pueden ser reciclados. En Bariloche la ARB recicla papel, cartón, vidrio, metales y plásticos. Hay otra cantidad de cosas que podrían reciclarse, pero al no existir una planta clasificadora de residuos mucha materia se arruina o es demasiado difícil de rescatar del resto de la basura. También el factor de mercado es importante en este punto, si no hay comprador de determinado material, no tiene sentido acopiarlo porque no existe la fábrica que lo reprocese para que sea reutilizado.

Para reciclar (recordemos que según el diccionario significa: “recuperar y reintroducir desechos en el ciclo de producción del que vienen”) se puede reutilizar en casa un objeto, dándole un nuevo uso. Y desde ya, separa la basura en al menos dos tachos es una forma sencilla de ser parte de la cadena de reciclado: en uno ponemos lo que se puede reciclar (en el caso de Bariloche, envases y botellas de plástico y de vidrio, latas de aluminio, papel y cartón). Estos materiales deben estar secos y limpios, porque si están mojados y/o sucios arruinan los otros elementos y pueden generar enfermedades.

En el tacho de lo no reciclable (de nuevo, en el caso de Bariloche) hay que tirar los restos de la preparación y consumo de comidas, bolsas y envoltorios de nylon, telgopor, botellas de aceite de cocina, latas, envases de tetrabrick y vajilla descartable.

Con este mínimo gesto de tener dos tachos de basura, ya se está ayudando al cuidado del medio ambiente, al contribuir en la cadena de reciclado. Es más, el tacho de lo reciclable, puede no ser un tacho, sino una bolsa colgada detrás de la puerta o donde quieran, porque los materiales reciclables no son sucios, ni chorrean, no atraen insectos, ni dan mal olor. Separar la basura en origen es útil incluso si no hay camiones diferenciados de residuos (es decir, aunque el camión de la basura se lleve todas las bolsas juntas), porque los materiales se comprimen pero no se mezclan.

Si se tiene un poco más de ímpetu y voluntad, se puede hace parte del proceso de reciclado en casa. ¿Cómo? Haciendo un compost. En lugar de dos tachos hay que tener tres, en el destinado al compost se tiran todos los residuos orgánicos (cáscaras de frutas y verduras, yerba, té, café, carozos, hojas y restos de jardinería, etc.) cuidando de dejar afuera los restos de origen animal, como huesos, grasa y carne. El compost se puede hacer en un pozo, en un tacho, en pila. Hay mucho material sobre cómo hacer un compost de acuerdo al espacio que se tenga, el lugar geográfico en que se haga y otras variantes. Por suerte también hay muchas asociaciones y grupos que dictan charlas y transmiten conocimientos sobre cómo hacer compost y para qué usar la tierra negra que de allí se produce (en general, se la recomienda para abonar una huerta pero también puede servir para lograr tener las plantas más bonitas del barrio y así ganar concursos de flores y jardines).

La otra gran R de la ley de las 3, es Reducir. Y para quienes tienen poder adquisitivo, quizás esta sea la R más dolorosa o la que suena más amenazante. Pero no se trata de consumir menos, sino de consumir mejor.

Martín Sabattini, consultado sobre qué productos conviene elegir en el supermercado, y si, por ejemplo, sirve elegir la gaseosa que tiene menos embalaje, razona: “En ese caso lo que sirve es llevarse la de envase retornable. Y siempre, entre menos embalaje mejor y si tiene embalaje hay que tratar de reusarlo. Si no lo vas a usar, al momento de tirarlo hay que separar, lata por un lado, vidrio por otro y cartón por otro. Tenés que ser conciente cuando comprás”.

Se calcula que en Bariloche se produce 1,8 kilos de basura por día por habitante, y aproximadamente la mitad es materia orgánica. Si hubiera una planta clasificadora de residuos, con esa materia orgánica se podría hacer compost, y si la gente hiciera compost en su casa, sacaría menos de un kilo de basura diaria por persona.

Poder aplicar las 3 R (Reducir, Reutilizar y Reciclar) depende de un cambio de hábitos y requiere consumidores activos, dispuestos a aplicar la imaginación y en muchos momentos, la voluntad. Pero la regla de las 3 R necesita también que se generen cambios a nivel empresarial, de producción y de disposición política. Que la contaminación sea un horrible recuerdo del pasado sólo depende de nosotros.

 

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