Milo Lockett, el Palito Ortega del arte

Se ve a sí mismo como el “Palito Ortega del arte”. De un día para el otro dejó todo y se dedicó de lleno a la pintura. Llegó a Buenos Aires en un colectivo con 40 obras bajo el brazo y a partir de arteBA 2006, estalló la venta de su obra. En el mejor momento de su carrera piensa en el retiro para entregarse al trabajo social. Un artista con carisma, humor y un poco de picardía que conserva la cabeza en los hombros y los pies en la tierra, a pesar del éxito. Esencia lo entrevistó en el marco de la muestra que realizó en EspacioArte BRC. Fotos gentileza Milo Lockett

Con cuarenta y dos años y tan sólo diez de profesión, Milo Lockett ha cumplido el sueño que persigue todo artista: su obra se vende muy bien, recibe premios y distinciones y, tal vez lo más importante, cuenta con el reconocimiento del público y la crítica. En otras palabras, ya tiene un lugar dentro del arte contemporáneo argentino. A esto hay que sumarle un sincero costado solidario a través de su trabajo social en comunidades indígenas y con chicos discapacitados en Chaco, su provincia natal.

¿Cuándo dijiste “quiero ser artista”?

Años atrás tuve una empresa textil e hice una muestra en un centro cultural en Chaco. Hasta ese momento nunca había vendido obras. Les puse un precio, algo muy ridículo por debajo de su valor real y se vendieron todas. Al otro día le dije a mí mujer: “Yo no trabajo más, quiero ser artista”. Tuve que llamar a un abogado y a mi contadora y decirles que les hicieran la liquidación a los empleados. “Yo voy a pintar, no sé lo que va a pasar.  Si querés, me voy por esa puerta, si no, me quedo y probamos”, le dije a mi esposa.  Fue así de claro. El riesgo lo corrí yo, no tenía plata ahorrada para bancarme. Y salí a pintar, el comienzo fue durísimo. Gané dos becas, lo cual me fortaleció y empecé a ir a Buenos Aires que es donde está el mercado del arte. Viajaba con cuarenta obras abajo del brazo en un colectivo.

¿Cuándo empezó a resonar tu nombre?

Todo comenzó en 2006 con arteBA que me colocó en el mercado. Hasta el momento, yo era un tipo totalmente desconocido que vendía algo de obra, pero nadie conocía mi cara. Al año siguiente, tuve mucha demanda y todo el mundo pensaba que eso sucedía por ser una novedad en el mercado. Al público le gustó mi obra y comenzó a abrirse el abanico. En 2008 hice un récord de venta en arteBa con ciento dos cuadros. Este año estuve en la feria de San Pablo que es muy importante a nivel Latinoamérica. Sólo el primer día vendí trece obras, otra vez saltó mi nombre y llegó la noticia a la Argentina. A la semana de la feria en Brasil empezaba arteBA y yo era el favorito.

¿Y esto qué desencadenó?

Se generó mucha demanda. La gente se enloquece, uno empieza a salir en todos los medios. Les gusta el personaje,  el discurso, la obra, la marchand (Teresa de Anchorena), la suma de todo hace que yo esté en el mercado. Por más que antes renegaba un poco de eso, la realidad es esta: el mercado del arte, con el público, los coleccionistas y los galeristas, es el que determina cuál es la obra y cuáles los artistas que marcan tendencias.

¿Qué cambios trajo aparejados esta repercusión?

Es difícil no perder la cabeza. Antes estaba muy acostumbrado a trabajar mucho en el taller y no daba notas a los medios. Y con la presión que se generó a partir de arteBA, el público empezó a querer conocerme y todo eso me fue sacando un poco de contexto.  Yo pinto para la gente, no para tener las obras guardadas en mi casa, eso lo tuve claro. Siempre tuve la fantasía de ser conocido dentro del mercado del arte que es la fantasía de todos los artistas, querer un lugar dentro de la pintura. El año pasado gané el Premio Nacional de Pintura y después sentí un vacío terrible porque viene la presión para superar eso. Siento que todo el tiempo estoy rindiendo examen. Hace poco estuve en Nueva York y me fue bien y estuve en Atlanta y me fue mal. Y tenía cierto miedo con Nueva York que es “la Meca”. Tengo ofertas de algunas galerías a cinco o diez años pero no cerré nada todavía. Cuando uno ingresa a un mercado internacional hay otros parámetros. Es fuerte, por un lado rechacé algunos contratos en Estados Unidos porque tenía que ir a vivir allá. Tengo una vida armada en Chaco.  Los cambios son muy bruscos, no me quiero ir a Buenos Aires imaginate a Nueva York.

Cuando uno tiene mucha demanda, pasan estas cosas: hago una flor y se vende, hago un pijama y se vende, y lo mismo con un dibujo.

¿Hay algo que te inquiete de este éxito?

Cuando uno tiene mucha demanda, pasan estas cosas: hago una flor y se vende, hago un pijama y se vende, y lo mismo con un dibujo. Entonces, no hay una referencia para el autor sobre cuál es el camino a seguir en su obra y eso me empezó a preocupar. No que algo se venda, en absoluto, pero sí me importa que tenga una estética, una idea, que esté bien realizado. Unos años atrás por ahí no tenía esta inquietud, todo el tiempo era ir hacia adelante. Hoy comienzo a desear parar, a querer tener una determinada calidad de obra e ir mejorando.

¿Cómo construiste tu estilo?

Es algo muy intuitivo. Mi pintura tiene la gran virtud de estar despreocupada de ser obra de arte. Yo entré por un costado del sistema en un momento donde estábamos saliendo del arte frívolo de los noventa. Aparecí con una obra muy contemporánea, joven, de la calle, del grafitti, con un dibujo muy primario con tres o cuatro trazos y con poca preocupación por la estética, más allá que esté dentro de una estética definida. Primero decían que era Art Brut y me comparaban con Jean Dubuffet, luego con Jean Michel Basquiat, hoy me meten dentro del Arte Primario porque trabajo con pocos elementos en la composición y en el color. Busco una síntesis, más allá que pueda haber complejidad en algún detalle que utilice. Hago una pintura muy sencilla, fácil de leer, que la hace interesante. En el momento en el cual todo el mundo quiere tener la “super obra”, encontré una cosa muy simple y eso le gusta a la gente.

Busco una síntesis, más allá que pueda haber complejidad en algún detalle que utilice. Hago una pintura muy sencilla, fácil de leer, que la hace interesante.

¿Qué es lo que más te sorprende del mundo del arte?

Este año las grandes galerías compraron mi obra. Eso es muy loco en el mundo del arte. Un día no sos nadie y al otro sos el rey. El año pasado ponían en los titulares que era “el niño mimado de arteBA”. Hasta hace un tiempo no me conocían, era un tipo que venía del interior con las obras debajo del brazo. Y de pronto explotó todo. Hay mucho de juego en esto. Le dije a mi galerista que en los próximos años cierro una etapa, quiero ser como Monzón, tengo ganas de irme con el título.  Tampoco hay mucho por qué competir, el mundo del arte es un poco mentiroso y su gran problema es la gente que lo maneja, los que cierran el círculo.

¿Por qué?

El arte siempre se piensa para pocos. A nadie le importa el público porque no califica, pero sin él yo no existiría y las galerías tampoco. No me sirve de mucho ganar premios si no tengo público. Hoy tengo cuadros vendidos que todavía no pinté y en un punto perdés las ganas de pintarlos porque no hay emoción. Yo creo que el arte es un lugar donde tiene que haber mucha inseguridad, no tiene que haber certezas, tiene que haber provocación. Cuando digo que el artista tiene que vivir como un marginal me dicen: “¡pero vos no vivís como un marginal!” Sí lo soy pero porque miro desde el margen, nunca observo desde el centro. Estoy a un paso de ser un border. Todo esto hace, en parte, que diga que me quiero dedicar en unos años al trabajo social y quedarme con el nombre que hice. Después, si tengo ganas de retomar la pintura y empezar una nueva etapa, lo haré.

Creo que el arte es un lugar donde tiene que haber mucha inseguridad, no tiene que haber certezas, tiene que haber provocación

¿Qué te sucede con la especulación que hay dentro del mercado del arte?

A mí me divierte mucho eso, cuando se vienen las apuestas. Este año gente grosísima compró obra, que antes renegaba de mi pintura. Por ejemplo, ahora las galerías antes de la muestra me compran toda la obra. Me pasaron muchas de estas cosas que son como sueños que tiene el artista y cuando suceden van quedando vacíos y pensás que después de eso no hay más nada. Hay intereses de por medio en el mundo del arte. Yo soy todavía un “chico que viene del norte”, no estoy instalado, no pertenezco a la sociedad de la Capital. Por ahí eso jode un poco, que te vayas convirtiendo en un referente. Aparte, a mí me gusta hablar, tengo mis opiniones, mi punto de vista muy marcado. Igualmente, ahora estoy más moderado. He dicho muchas barbaridades (Risas).

¿Qué habrá después de la pintura?

Quiero dedicarme al trabajo social. La Fundación Ciudad Limpia, el arquitecto Carlos Alade y yo estamos construyendo en Chaco un Hospital Garrahan, donde estamos poniendo plata nosotros. Estoy en una buena situación económica y no quiero ser el más rico del cementerio… Un amigo me propuso hace tiempo la idea de construir el hospital y a mí que me faltan un par de caramelos le dije que hiciéramos un establecimiento de salud modelo. Antes no teníamos el dinero y ahora ya hay una parte importante. El gobierno de Chaco nos donó el terreno. En el momento que haga un corte con la pintura quiero abocarme de lleno al trabajo social, me gustaría convertirme en un humanista y que todo lo realizado desemboque en un legado o aporte cultural.

Quiero dedicarme al trabajo social. La Fundación Ciudad Limpia, el arquitecto Carlos Alade y yo estamos construyendo en Chaco un Hospital Garrahan, donde estamos poniendo plata nosotros. Estoy en una buena situación económica y no quiero ser el más rico del cementerio…

Y en este sentido, ¿cómo te ayudó el arte?

Empecé a explotar el personaje de artista para bien. Si hay algo lindo que encontré de ser un poco famoso es que tiene un valor de cambio muy interesante, porque se acerca mucha gente que de otra forma no colaboraría.

¿Hoy dónde estás parado?

Hay cosas que sé que me van a pasar. El año que viene hago la sala Cronopios en el Centro Cultural Recoleta. Es mentira que haya algún artista que no quiera terminar su carrera ahí. Tengo 42 años y en estos últimos cinco años hice una carrera astronómica. Para el 2010 voy a hacer en total exposiciones en cuatro museos, lo cual es una locura. Todos se están peleando porque quieren “obra primicia”. Así que a algunos museos les dije que no y a otros que voy pero con ciertas condiciones porque… el que pinta soy yo. Hoy tendría que hacer las cosas muy mal para que me deje de ir bien. Lo cual es un poco lo que me aburre del mundo del arte. Hace poco, dije que me quería retirar. Y todos ser reían porque decían que era una estrategia. Tengo todo a diez años de haber empezado a pintar. Al principio fue difícil, después me fue bien, me fue mejor y después no hay nada. Cuando dije que no iba a pintar más, se vendieron en Córdoba y en Rosario obras mías anteriores que estaban dando vueltas. Por un lado, estas cosas me cansan y por el otro me divierten, que la gente salga corriendo a comprar un cuadro como si fuera una necesidad! En el arte tiene que haber incertidumbre, tenés que levantarte con hambre todos los días. Yo planteo eso cuando pinto, no digo: “bueno voy a hacer este dibujito que ya lo pinté mucho y anda bien”, porque no va por ese lado. Sé que ya tengo un lugar dentro del arte argentino, aunque parezca soberbio. Cualquier artista quiere un lugar, si no, hubiera elegido otra profesión.

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