Entrevista con los primeros 5 argentinos que alcanzan la cumbre del Everest

Por primera vez en la historia, un grupo de cinco argentinos ascendió a la cima de la montaña más alta del mundo: el Monte Everest. Todos ellos son miembros del Club Andino Bariloche.

El Everest es un reto al cuerpo y la mente, una experiencia de aprendizaje y autoconocimiento. La aclimatación del organismo a la altura es un proceso difícil, que pone a prueba a los montañistas mejor entrenados. La recompensa para quienes logran vencer los distintos obstáculos que se presentan en el camino, es llegar al techo del mundo.

Ramón Chiocconi, Alvar Puente, Marcelo Deza, Charly Galosi y Leonardo Proverbio son los cinco expedicionarios argentinos que el 23 de Mayo pasado hicieron cumbre luego de más de sesenta días de sacrificada travesía, marcando un hito en la historia del andinismo nacional.

El 24 de Marzo partieron desde Bariloche hacia Katmandú, la capital de Nepal, la primera escala de la expedición. Ciudad de gran colorido y movimiento en sus calles que alberga a distintas culturas, donde se respira  “un  clima de espiritualidad  mezclado con bocinas y tránsito alocado”, describe Charly Galosi. De allí, Lukla, el siguiente punto del itinerario de trekking por el Valle de Khumbu y el primero de los cinco poblados de camino al Campamento Base del Everest, a 5300 msnm, lugar al que llegan todas las expediciones para comenzar el proceso de ascenso a la cumbre.

La peregrinación por el Valle de Khumbu les mostró la belleza y magnitud de la montaña. A medida que avanzaban en altura, el paisaje se iba transformando, el ambiente se tornaba más frío y los senderos se hacían más angostos y menos concurridos, hasta llegar finalmente al Campo Base, lo más cercano a un “hogar” que conocerían en aquella fría y lejana montaña.

La aclimatación se hizo en etapas, para que el organismo se adaptara a la altura y la falta de oxígeno. Para ello, hicieron distintas “escalas” entre los 4 campamentos situados cada vez más arriba del Everest, subiendo y bajando, aprovechando también la oportunidad para portear equipos y comida.

-¿Cómo vivieron el proceso de aclimatación?

Ramón Chiocconi: Tuvimos que aclimatar desde el minuto cero en Lukla, un pequeño poblado a 2650 msnm desde el cual emprendimos el camino hacia el Campo Base. Allí el cuerpo ya empezaba a sentir la diferencia. Hasta el Campamento Base, fueron diez días de marcha lenta, con días de descanso en el medio. Una vez que llegamos al Campo Base, seguíamos aclimatando el cuerpo. Íbamos desde ahí hasta el Campamento 1 (6000 msnm) y volvíamos, después subíamos de vuelta y dormíamos una noche. Lo mismo hicimos con el Campamento 2 (6450 msnm) y el Campamento 3 (7300 msnm). Esa fue una primera etapa. Después de ese proceso de aclimatación, bajamos a un pueblito a 3700 msnm. Allí nos quedamos unos días para comer y dormir bien y poder reponernos. Volvimos el 10 de Mayo al Campo Base. Ahí ya empezamos con la ansiedad, porque los pronósticos de tiempo no eran buenos. No había muchas certezas de ventana de buen tiempo y si pasaban los días, perdíamos aclimatación. Después supimos que para el 23 de Mayo iba a haber buen clima, ahí ya fue organizarnos para el ataque final a la cumbre.

Charly Galosi: A pocos metros del Campo Base, comenzaba la cascada de hielo del glaciar Khumbu, el lugar más técnico de toda la montaña. Para poder  comenzar con el ascenso, tuvimos que hacer una ceremonia Sherpa llamada “Puja”, en donde un Lama nos bendijo a cada uno dándonos la protección para poder subir. Varios fueron los viajes  hacia los campamentos más altos llevando material y tratando de lograr un estado óptimo ante la exposición a la altura, completando los ciclos y tiempos fisiológicos.

Para poder  comenzar con el ascenso, tuvimos que hacer una ceremonia Sherpa llamada “Puja”, en donde un Lama nos bendijo a cada uno dándonos la protección para poder subir.

-¿Cómo fue el ataque a la cumbre, el último trayecto?

Marcelo Deza: Desde la salida del Campo 4 (a 8000 msnm) hasta la cumbre el paso al que íbamos era muy lento, porque había mucha gente de otras expediciones. Yo me dormía. No era mi ritmo y me enfriaba. Estábamos con una temperatura de -30°C. En un momento de lucidez, vimos la oportunidad de salirnos de la soga y seguir a nuestro ritmo y eso nos cambió el humor a todos.

-¿Qué hicieron al llegar a la cumbre?

Charly Galosi: Lo primero que hicimos fue abrazarnos los cinco llorando de emoción. Cada uno tuvo su momento para  observar la belleza que estaba a nuestros pies, las cientos de montañas que nos rodeaban y el cielo más azul y diáfano que nunca.

-¿Qué imagen mental les queda de ese momento?

Marcelo Deza: Fue una sensación de objetivo cumplido y ganas de redireccionar la energía hacia nuevas aventuras. Cuando estábamos llegando, vi un pajarito, ¡estábamos a 8848 metros de altura!. Ver vida en un lugar al que le dicen “la zona de la muerte” fue fuerte.

Leonardo Proverbio: La vista (en la cumbre) era increíble, para un lado se veía todo el Himalaya de Nepal y para el otro las planicies de China. Todas las otras montañas parecen tan pequeñas desde la cima del Everest. Uno está muy alto ahí paradito contemplándolo todo.

La vista (en la cumbre) era increíble, para un lado se veía todo el Himalaya de Nepal y para el otro las planicies de China

-¿Hubo algún momento de quiebre para el grupo?

Ramón Chiocconi:: No hubo ningún momento en el que haya dudado de mí o del grupo. Hubo momentos de cansancio durante la aclimatación. Tuvimos que respetar el plan y esperar a que el cuerpo se acomode a la altura. El Everest es una lucha constante en la cabeza para seguir adelante.

-¿Qué cambió del Everest, de todo lo que habían imaginado, una vez que ya estaban allá?

Alvar Puente: Antes de la expedición, yo tenía muchísimas expectativas que tuve que ir modificando a medida que estaba allá en la montaña. Hay aspectos personales que uno desconoce de sí mismo hasta que llega a una expedición que dura dos meses.

Marcelo Deza: La montaña te va acomodando. Concretamente, me llamaron mucho la atención las dimensiones, veías paredes con más de 3000 metros de desnivel que no se terminan más, cuando en la Patagonia con suerte ves algunas de 1000. Hay que adaptar el ojo a la enorme dimensión que tiene la montaña. Otra de las cosas que aprendí fue que había que conservar la energía, si no, no tenés resto para el día siguiente. Allá hay que comer bien, tratar de dormir e hidratarse todo el tiempo.

-¿Encontraron mucha basura?

Alvar Puente: No mucha pero encontramos. Cerca del Campamento 2 sí había más. En un solo día, bajamos 150 kilos de basura que no era nuestra. Los residuos orgánicos también se llevan al Campamento Base, porque a esa altura y con el frío no se degradan.

Marcelo Deza: Los restos de comida se la dan a los cuervos, que son reencarnaciones de los Sherpas. Así que se los cuida y se los respeta en la montaña.

-¿Cuál fue precisamente el objetivo de la expedición?

Charly Galosi: No sólo fue ascender la montaña más alta del mundo con la primera expedición argentina, sino también asumir el compromiso de promover el andinismo, que es la actividad que elegimos como filosofía de vida.

-¿De qué manera se armó el grupo para hacer la expedición?

Ramón Chiocconi: En la elección primó el factor humano: íbamos a ser cinco personas que tendrían que convivir dos meses con la capacidad de “aguantarse” mutuamente, de sumar todos a un grupo. Fue un dream team armado más desde lo humano que desde lo técnico.

-Finalmente, ¿cómo vivieron el recibimiento que tuvieron en Bariloche?

Charly Galosi: La llegada fue una de las cosas más lindas, con un recibimiento totalmente inesperado. Sentimos que el objetivo estaba cumplido. El mayor anhelo es poder marcar un hito en las actividades de montaña y poder inspirar a muchos, sobre todo a los más jóvenes.

La Expedición Argentina Everest 2010 – CAB/FASA estuvo integrada por Francisco Minieri Saint-Béat (Director de la Expedición); Ramón Chiocconi (Jefe y médico de la expedición); Alvar Puente (Alimentación y campamentos); Marcelo Deza (Finanzas y documentación); Charly Galosi (Preparador físico) y Leonardo Proverbio (Equipo técnico y video).
Sponsors: Laboratorios Rontag, Banco Hipotecario, Makalu, Mamuschka y Rapanui. Agradecimientos: Goyo Zidar,  Juan Carlos Ayala y Viajes Dannemann.
Coordinador Media & Sponsor de la Expedición: Acaxa Argentina.
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