4 libros para el invierno

De las cuatro propuestas de hoy, hay dos en especial que son para leer en voz alta, con las ventanas cerradas y el viento corriendo, afuera. Y, sobre todo, en compañía de hijos, sobrinos o cualquier chico dispuesto a escuchar buenos cuentos. Si es de noche, mejor, ya que la historia del primer libro en cuestión transcurre en la noche polar. [Por Anahí Flores]

Abrir el libro Sucedió en colores, de Liliana Bodoc (Editorial Alfaguara, 2011) e ir directo al cuento “Blanco”. Antes, encender la estufa o dejar unas frazadas a mano porque podría ocurrir, por qué no, que un poco de hielo rebalsara de las páginas. Y si además de hacer frío, llueve, leer “Negro”, el último cuento del libro. Se recomienda para este caso tener a mano paraguas y algunos chocolates.

 

 

 

 

Si se están buscando historias que además de frío tengan viento, se puede probar con El país del viento, de Sylvia Iparraguirre (también de Editorial Alfaguara 2011). Este libro tiene una particularidad: sus cuentos se ambientan en diferentes sitos de la Patagonia y, si bien son ficciones, muestran diversas realidades sureñas a lo largo del tiempo.

 

 

 

 

Volviendo a las lecturas en voz alta, Pinzón y la tormenta es un libro perfecto para disfrutar en una tarde de lluvia y tomando té caliente.

En este cuento de Wouter van Reek (Adriana Hidalgo Editora, 2009), la leña se acaba justo cuando llueve a cántaros y hace frío. Hay que salir a buscar más, pero Pinzón está con pereza y manda a su perro a recoger ramas secas. El perro va, aunque a regañadientes, y tarda en regresar. Tarda tanto que Pinzón sale a buscarlo bajo la tormenta…

 

 

Y para concluir las sugerencias de hoy, Más al sur, de Paloma Vidal (Editorial Eterna Cadencia, 2011).

Muchos pájaros migran cuando viene el frío, en busca de la primavera. Es así desde “siempre”. De la misma forma, los personajes de esta serie de relatos (que por momentos parecen ser personajes diferentes, y luego dan la impresión de ser siempre los mismos) van migrando de un país a otro, de una lengua a otra y ninguna ciudad ni idioma les termina de pertenecer. Paloma (sí, la autora tenía que tener nombre de pájaro) escribió “Más al sur” en portugués y luego ella misma lo pasó al español, si bien –como nos confiesa en la nota a la edición argentina– muchas partes del libro las había “escuchado” en español a la hora de escribir. Nada mejor que una traducción del propio autor: la traición inevitable de todo traductor, al fin y al cabo, Paloma la hizo consigo misma.

 

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