4 libros para viajar hacia la primavera
Hay momentos del año en que uno quisiera salir de viaje. En mi caso, suele ocurrir cuando está por llegar la primavera. Y, aunque todavía faltan unos días, vamos precalentando con esta serie de libros donde predominan los viajes. Un viaje en un libro, un viaje en el tiempo, un viaje en tren y muchas crónicas de viaje. Allá vamos. Por Anahí Flores
Un viaje en un libro
Empezamos con Pequeño rey ¿quién eres tú? de Antonie Scheider (Adriana Hidalgo Editora, 2011). En este cuento infantil, a un chico lo llama un libro que quedó olvidado en la mesa. El chico acepta la invitación del libro: hacer un viaje por sus páginas. Un libro de amor a los libros y a los viajes, para leer en voz alta.
A través de recuerdos (imaginarios o no), DeRose nos va llevando a épocas pretéritas, hace más de cinco mil años: a la cultura drávida. Una realidad en la que no existía el concepto de religión, la mujer era venerada por reproducir seres humanos a su imagen y semejanza y se aprendía de los mayores y sabios. Además, las relaciones humanas eran bastante más simples y saludables que en la actualidad.Yo recuerdo… (Deva´s 2004) es un libro de textos breves encadenados que pueden leerse de corrido, como una nouvelle, o de a poco, como cortas reflexiones.
Uno diría que es posible perderse en la ruta, si se viaja en auto. O en el mar, si se navega. Pero ¿en un tren? En Brasil, de Paula Brecciaroli (de la recién inaugurada Editorial Conejos, 2011), el tren corre por vías desconocidas sin estaciones, o con estaciones que no aparecen en los mapas, o pasa por las mismas estaciones una y otra vez. El viaje dura días, semanas o meses; no queda muy claro porque, aunque el sonido de las ruedas sobre los rieles va marcando el tiempo como un segundero, los días se pierden a 35 kilómetros por hora.
En la estación de tren de Montevideo hay un reloj que adelanta para que los que llegan tarde, se apuren. En Paraguay anexan palabras para formar otras: si una mujer roba coches, es una “robacoches”, si un barrio está mirando el lago, es el barrio “miralago”. En la ciudad de Quito abundan los diminutivos. Esos detalles, y no los principales monumentos, forman la personalidad de los lugares que Hebe Uhart visitó y dejó registrados en Viajera crónica (de Adriana Hidalgo Editora, 2011).













