4 libros para pensar en lugares más cálidos

Si la mente viaja a otros lugares, a esta altura del año por lo general suele ir hacia tierras más cálidas. Sugerimos cuatro libros que nos llevan a países cercanos, hayamos estado allí en persona o no. Por Anahí Flores

Aunque no conozcamos un país en vivo y en directo, solemos tener una idea preconcebida acerca de él. En Los culpables, de Juan Villoro (Interzona, 2011), cada cuento muestra a México en forma cruda y, en algunos casos, juega entre el México que vemos con ojos turistas y otro más real.

En las anotaciones que forman el diario de viaje Unos días en Brasil de Adolfo Bioy Casares (La Compañía, 2010), aparece este fragmento: “El mejor recuerdo del viaje: sentirme solo en Brasilia, a muchos kilómetros de toda persona que sabe quién soy…” ¿Quién no vivió un momento semejante en un viaje solitario a cualquier lugar? Otros fragmentos como éste se entremezclan con la agenda del viaje y con la mirada del escritor sobre distintas ciudades de Brasil.

Y el lector se siente un poco espía al inmiscuirse en estas páginas tan personales.

En Estuve en Lisboa y me acordé de ti, de Luiz Ruffato (Eterna Cadencia, 2011), no hay respiros: es, desde el principio hasta el fin, el monólogo de un hombre del interior de Minas Gerais que viaja a Portugal como si fuera la realización de su vida. Uno se imagina a este hombre sentadito y hablando sin parar, de la misma forma que la narradora del cuento “Cómo vuelvo”, de Hebe Uhart.

Con la excusa de contar cómo dejó de fumar y cómo volvió a hacerlo, Serginho nos pasea por su visión de su pueblo natal en Brasil y, luego, de una Lisboa escondida, llena de inmigrantes ilegales.

Clarice Lispector dice “Estas cosas que estoy escribiendo aquí no son, creo, propiamente crónicas” (pág. 47). Pero ese detalle sobre género poco interesa: Descubrimientos (Adriana Hidalgo Editora, 2011) es un libro para degustar de a poco, de esos que se pueden intercalar mientras se lee una novela, por ejemplo. Y si el lector no tiene miedo de hacer anotaciones en las páginas, seguro subrayará muchos fragmentos para futuras relecturas.

Más adelante agrega: ”En esta columna de algún modo estoy dándome a conocer”. Y sí, uno concluye la lectura de esta recopilación de crónicas (o de lo que sean), con la impresión de haber leído casi un diario íntimo.

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