4 libros para lo que queda del verano

Marzo es, para algunos, más tiempo de vacaciones. O el mes en que de a poco se retoma el ritmo laboral. Y para otros, un mes más como cualquiera. ¡A aprovechar el tiempo “libre” que todavía queda verano para tener buenas lecturas! Y si el tiempo libre no aparece por ningún lado… ¡a inventarlo! Por Anahí Flores

Mónica Soave fue juntando información sobre personas que vivieron en la Patagonia (por lo general, inmigrantes). Los datos son reales y, de esos datos, fue desprendiendo detalles y particularidades que le permitieron armar textos cortos. Estos relatos están lejos de las postales patagónicas felices, perfectas y con techo a dos aguas. Podrían ser cuentos con personajes por lo general sin éxito, pero como sabemos que nacen de la realidad, eso le da al libro un interés distinto. 180 sur (biografías de la Patagonia), de Umbrales Ediciones, 2010, es lectura recomendada para quien quiera conocer otra cara del sur de nuestro país.

Uno se adentra en las páginas de Elecciones primarias de Silvia Hopenhayn (Alfaguara, 2011) y pasa a otro tiempo. La voz que va llevando al lector es la voz de una niña, de Silvia niña, con muchos puntos y aparte (pasa de un tema a otro) pero sin comas. Esta puntuación particular, que mantiene durante toda la novela, le da una respiración infantil y a la vez profunda. Y llegado un momento la autora nos deja ver de dónde salió este modo de hablar, al describir la forma de leer del único varón del grado: “Estaba desentendido de la puntuación. (…) No veía las comas. (…) Yo quería escribir como Alejandro leía”.

Al leer Fiebre de encierro, uno tiene la impresión de que le están leyendo en voz alta. Tal vez eso ocurra porque en la mayoría de los cuentos de este primer libro de Andrés Quincoses (Editorial Dunken, 2011), el narrador le habla a una segunda persona en plural. Entonces, todos los lectores escuchamos con atención esos relatos cortos, a veces intrigantes, que siempre concluyen en finales redondos (nada de finales abiertos o indefinidos).

En La casa de cubos, de Kunio Kato y Kenya Hirata (Adriana Hidalgo Editora, 2011) los autores no tienen miedo de mencionar ciertos temas no habituales en la literatura infantil: el protagonista (un abuelo) hace ejercicios para que no le duela la cadera, cocina con el delantal que era de su mujer, es viudo y recuerda a la abuela (incluso cuenta cómo falleció) y vive en un mundo futurista invadido por el agua del mar. Un libro inteligente, para leer en voz alta y detenerse mucho tiempo en las detalladas ilustraciones de cada página.

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